Reloj en penumbra
Hay algo en los brazos de las almas:
La herida del tiempo y su nostalgia,
La penumbra del reloj comiéndose la espuma,
Las riendas de la lluvia, sueltas,
Como una rueda de encendida canela.
En la noche los relojes se tornan fantasmas
O álbumes de hambrientas campanas:
Escenario sin telón, gastadas fotografías,
Película donde gira la geografía del sueño.
¡Cómo en invierno se apagan tus agujas!
¡Cómo los trenes de las campánulas
Coronan las calles ciegas y las cunetas!
Pese a que la mariposa gris de la aurora
Chispea con banderas de acero,
El horizonte surte entre la niebla,
Alfabetos sin pañuelos, abejas insepultas
Y horas yertas como el seno de la luna
Desde el fondo del tedio o del grito.
En el fondo, la materia duele: duelen
Las sienes, crucificadas sienes de la noche;
Duele el futuro con su equipaje de hormigas,
La inmensidad del planeta como máquina
Destructiva, las habitaciones sin ventilar,
Las momias de la eternidad, estéril penumbra
Como el atlas del sol para los ciegos.
El reloj es una verja oxidada:
En sus agujas hay musgo a la hora
Del crepúsculo y una luna cuyo tapiz
Es de vahos, y misteriosos péndulos:
Siglos de pétalos carbonizados
En el bolsillo de los astrólogos.
El minuto lleva profetas en su ojo:
Puertos a la deshora de las piedras,
Sombras de lágrimas: gotean ceniza
Con los cardos, los pergaminos mudos
De los corceles y la espuma severa de los caracoles.
En él he visto el ruido de la muerte,
El humo del sueño, el gesto de la arteria rota,
El río de las sombras,
El mundo haciéndose Nada,
El ojo arañando el fuego de las calles,
Las voces del azogue mordiendo la garganta,
Las manos pidiendo auxilio frente a espejos
De fugaz escritura.
He visto, también, en este reloj de la penumbra,
Los pañuelos postizos de la sonrisa,
Los paraguas rayados del circo
Y ese dolor terrible de los ojos, encarnado
Sudario de zapatos con aliento de calcetines rotos;
Y he visto, desprenderse de su voz,
Otros cauces con historias asombrosas,
Como por ejemplo, bracear en la cóncava
Tirantez del ansia y la tragedia
Para que la luz sea iluminada tierra…
André Cruchaga-
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