Tres personajes tres
… para vender la calle
Hay un aliento lila
que mece el horizonte de los pueblos
y tres fugas de grises
sobre las calles solas.
Parado en la esquina de la tarde
el sueño de un joven
-trenzador de bohemias
y repartidor de diarios
va y viene de las cuentas a pagar
a los ojos del gato de la tienda
que le ha visto las piernas a su novia
con un guiño de ámbar.
Un vendedor de mandarinas
anaranja de suspiros los umbrales.
En el ritual de los regresos
perfuma sus bolsillos de semillas
para armar rosarios de domingos
a las puertas del ropero viejo.
Y sobre la raya amarilla
un niño con cara de adulto
hace equilibrio con dos canastas vacías
y mientras vuelve el revendedor de los jazmines
tira círculos de marihuana
a los ojos abiertos del invierno.
La tarde se ha vendido.
la calle queda (siempre queda).
Se abrirá vacía por la noche
para que el viento le borre los pregones.
Mañana …,
Cuando el día busque los portones
volverá el aliento lila
a mecer el horizonte de los pueblos
y crecerán los ecos de tres fugas grises
sobre las calles solas.
Mari Betty Pereyra-
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