Sin perdones ni olvidos
No guardes tu pena, elévala como una bandera al viento
déjala volar sobre los huesos roídos por el tiempo.
Sumérgela en el cántaro gris de la memoria
y déjala reposar, no la inquietes, no la agites,
no le pidas que vuelva.
Guárdala de la intemperie y del vacío,
de las noches sedientas de fiestas y alegrías.
Protégela de la indiferencia, ésa
que convierte a los seres en estatuas de sal.
Escríbela sobre la piedra para que sea tu epitafio.
Para que los hombres lean allí tu dolor
el dolor de tu tiempo.
Recóbrala del olvido, antes que sea tarde
antes que la lluvia lave los resto de la sangre
y el viento horade las tumbas.
Deja que la pena penetre tus entrañas
para sentirte vivo.
Sostén con puño firme la espalda de tu duelo
y bebe el vino sagrado de la lágrima sobre el trazo del dolor
sobre el hambre y el frío
sobre todos los muertos sin nombre.
Eleva tu pena, sin perdones ni olvidos.
Leonor Mauvecin-
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