Un abril de hojas cayendo en el recuerdo
delantales blancos y un beso que se queda
el aroma del pan entre arboledas
y la baldosa floja, que salpica y rezonga
el tiempo que se queda dormido en la vereda.
Duras geografías, conviven con el tango
atrapadas en plazas, con flores del asfalto
que ignoran el apuro, de febriles laberintos
con la espontánea charla del vecino del barrio.
En un eterno intento, de alcanzar a las Pléyades
la constelación de Orión en noches estrelladas
se nutre del silencio, de la vecina muerta
y del silbido triste, nostálgico de un tango
cuando el ciego que fuma sentado en esa puerta
le sucede la angustia. Lo acorrala la ausencia.
Carmen Passano-
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