Amanda
Amanda buscó en medio de sus recuerdos y decidió comenzar a armar la valija. Pocas cosas llevaría, a pesar de los años, había poco para guardar, lo suficiente para un nuevo rumbo.
La memoria, ese misterio incalculable y testigo del tiempo, tiene la necia autoridad de borrar en un soplo lo que fue significativo. En fin, no quiso detenerse más en un laberinto que cada vez la perdía entre uno y otro estado.
No quiso mirar alrededor de esa casa que se derrumbaba entre sueños perdidos.
A dónde ir? qué hacer? Aún no lo sabía. El teléfono sonó insistente pero decidió no hablar con nadie. Su mente estaba con otro destino, al fin y al cabo las esperanzas llegan hasta un punto que dista de un nuevo horizonte.
De niña le hablaron de los ángeles que existen con cualquier rostro, así fue que ese ángel apareció tal vez para poder escuchar su corazón .Fue el único llamado que atendió, dio gracias a la tecnología que le permitió saber quien llamaba.
Muchas cosas habían pasado y eran demasiadas para uno solo.
La ingenuidad la llevó otra vez a caer en manos del adversario.
Entonces la memoria trajo lo que no quiso recordar.
Fue ese tiempo donde la historia marcó la diferencia. Hubo un desafío interno, decisivo que debía atravesar y la crueldad
inmensurable de los otros arrasó brutalmente con lo que le quedaba.
Esa inteligencia psicopática del que no medía los resultados, mejor dicho, que medía los resultados, en un plan minuciosamente elaborado, destruyó su inocencia y caminó por senderos desvastados de afecto y poblados de miseria.
Miseria… palabra terrible que invoca al desamor, la deshonestidad, la injuria y esa terrible avaricia que poderosa se cierne con tal de destruir.
Como una loba defendió sus cachorros heridos, que gemían. Lamió sus heridas, mientras soportaba las suyas., pero en absoluto pudo impedir lo que ya estaba dado.
Esa moneda con diferentes caras ya había caído inexorable marcando su destino.
El perdón nunca llegó, el amor menos, nunca llegó a ser suficiente lo que hizo y aún más y más, la espada de Damocles siempre sobre ella.
Alguien debía hacerse cargo, llevar el peso de las culpas propias y ajenas. Así funciona mejor, más aún cuando no se aprendió la lección. Cuidarse a si misma y de los otros.
Llegó hasta acá, con mentiras desmentidas, con verdades transformadas en discursos de un buen orador.
Estaban los que la amaban, pero que podía ofrecerles? Muchas veces escuchó que nadie la quería y se sintió incapaz de merecer ese amor. Después de todo cuando el daño es muy grande el camino para atravesar lleva tiempo. Entender que lo que algunos dicen no es cierto…y es mejor así, depositar en otro lo que no se puede consigo mismo; al fin y al cabo cada alma tiene sus propios caminos escabrosos. Pero ella, no supo alejarse de eso. Su debilidad la llevó de la mano del más temerario. Y otra vez así, ceñida de ese rastro entregó su cabeza para que otra vez rodara bajo el filo del
verdugo,
Miró otra vez su valija, pensó nuevamente que llevaría, entonces decidió que su corazón decida y eso fue lo que guardó.
Claudia Gurevich- |