Sin recato, dudo al borde de tu cama
y esta evidencia me dobla:
aunque duela desde entonces todavía y después
esta ráfaga extinguida en el último pulso
no quiero que mueras aquí conmigo;
vayamos hasta la puerta de no sé donde
juntos vayamos, pero no me lleves.
A los tumbos por los laberintos de la fe,
tu cuerpo, tea helada marca una perfección imposible
y diluye las furias de la sangre.
Sin demora se cumple el despojo y caen los oprobios
a imagen y semejanza del miedo siempre al borde de tu cama
aunque duela desde entonces todavía y después
la ceguera mira desde el fondo.
Alfredo Luna-